Quienquiera que utilice en su tratamiento el análisis cree, por este hecho, implícitamente, en el alcance y en el valor de la toma de conciencia, gracias a la cual parcelas de personalidad hasta entonces inconscientes quedan situadas bajo el dominio de la conciencia, de su elección y de su crítica. El enfermo se encuentra así enfrentado con problemas que debe zanjar mediante un juicio razonable y una decisión consciente: en ello se da nada menos que una provocación directa de la función ética, la cual apela por sí misma a toda la personalidad.





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